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LIBROS

Las Cortes ilustradas a 45º

@Nuño Vallés - 07/07/2010

<em>Las Cortes ilustradas a 45º</em>

Una de las series que más visitantes congrega en el Museo del Prado es la que aglutina a los enanos y bufones pintados por Velázquez. En el viejo Alcázar de los Austrias, la Galería del Cierzo estaba consagrada a los cuadros de rarezas, tanto humanas como animales, pero en el palacio donde se gobernaba -o se creía gobernar- el mundo lo extraordinario no se fijaba sólo en los lienzos, sino que acompañaba el cotidiano quehacer de la corte.

 

Era la gente de placer, como don Diego de Acedo -que inmortalizara Manuel Mújica Lainez en El escarabajo-, que no sólo entretenía a la Corte española: hasta bien entrado el siglo XVIII, toda casa real que se preciara contaba con cohorte de seres extraordinarios. Y esa es la fecha límite de su imperio pues, con la llegada de las luces comenzaba la decadencia de estos hombres y mujeres que se verían relegados de los salones de la aristocracia y confinados en las ferias de fenómenos, lo que los anglosajones denominan freak show, que tanto han inspirado a Fellini o David Lynch. Un testigo de excepción de ese momento agónico fue Joseph Boruwlaski.

 

Józef Boruwlaski nació en Polonia pero, como algún otro ilustre polaco, encontró sus mejores momentos en las islas británicas, razón por la que latinizó su nombre. Fue un célebre enano en plena Ilustración, que alcanzó su momento de gloria al ser incluido en la Enciclopedia de Diderot y D´Alembert, en el artículo “Enano”.

 

Mundo en descomposición

 

A pesar de tanta celebridad, no le iban por entonces bien las cosas. Lejos quedaba la época de la gente de placer, y la imposibilidad de encontrar un protector le llevó a recorrer casi toda Europa entreteniendo a los nobles con su guitarra y su conversación. Testigo de un mundo en descomposición, el de la aristocracia ilustrada, no es casual que su nivel de vida vaya menguando, viéndose obligado a exhibir su alteridad ante el pueblo llano por unas pocas monedas, hasta que al fin puede retirarse a una apacible vida campestre en Durham, donde fallecería a la edad de 98 años.

 

Los enanos y otros individuos con pecularidades físicas seguían siendo algo excepcional, admirable. Pero ya no hacían reír, sino que se habían convertido en curiosidades científicas, de ahí el interés de los enciclopedistas y la razón de estas memorias. Para atraer la atención y los dineros de la aristocracia, ya no le basta con su estatura, 99 centímetros, sino que serán sus virtudes cortesanas las que le harán ser bien recibido allá donde va.

 

Pero eso también le granjeó enemistades; como cuando conoció al enano apodado Bebé, protegido de Estanislao Leszczynski -rey depuesto de Polonia-, quien presa de los celos trató de matar a Boruwalski. El golpe de gracia a su forma de vida lo asestó la Revolución francesa, que curiosamente ni aparece citada en sus memorias, como tampoco hace referencia a otros hechos políticos contemporáneos. Boruwlaski no esconde que, más que unas memorias es una instancia con la que espera atraer un protector permanente.

 

Emociones a la vista

 

Estas Memorias resultan una simpática curiosidad que orna nuestras mesas de novedades; “no interesarán más que a aquellos que aman seguir la naturaleza en todas sus expresiones” (p. 33), pues es cierto que Boruwlaski no goza de una pluma elegante, menos aún si hemos de compararle con los “grandes” del género; palidece su prosa al lado de Saint-Simon o Churchill.

 

Uno de los aspectos más interesantes de estas Memorias es que Boruwlaski no esconde sus emociones, antes bien, las coloca en un lugar prioritario: “Al escribir estas memorias no es mi talla y sus proporciones lo que quise definir; ante todo, quería poner mi empeño en seguir el desarrollo de mis sentimientos” (pág. 63). Incluso inserta la correspondencia amorosa con la que sería su mujer; una correspondencia que muestra a un personaje algo ingenuo, también algo autoritario, que acosa a su amada hasta que consigue casarse con ella, a pesar del explícito y reiterado rechazo que no deja de consignar la dama.

 

Contrastando esas emociones y el proceso histórico, la angustia del hombre que ha de perseguir su sustento, cuando en un tiempo pareció destinado a una vida regalada, se proyecta una imagen sorprendentemente nítida de ese entretiempo cuyos momentos no se consignan pero que flotan como fantasmas junto con los anhelos y preocupaciones del orgulloso gentilhombre.

 

Regular Memorias del célebre enano Joseph Boruwlaski, gentilhombre polaco. Lengua de trapo. 144 págs. 16,50 €.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 1 COMENTARIOS

1 .- Hoy viviria de titiritero,recibiendo subenciones.A cambio engrosaria la lista de abajo firmantes,en manifiestos a favor del PSOE.Es que hoy en dia ya no hace falta hacer reir ni ser enano para ser un bufon subencionado.

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diaz

08/07/2010, 20:48 h.

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